Elaboración de un mural a través de técnicas de pintura en acrílicos y témperas.
María Elena Walsh tuvo una particularidad destacable y original: unió una forma de escribir desenfadada y absolutamente marcada por los juegos con el lenguaje, con una total ausencia de las intenciones formativas.
Brinca, adivina, vuelca y revuelca, esconde, encuentra y vuelve a esconder. Y el que juega, lo sabemos, invita a jugar. Por eso, abrimos sus libros y encontramos un sitio pendiente en la ronda, una invitación al juego y, al cabo, resulta muy difícil ser sus lectores sin jugar con ella.
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